jueves, 11 de abril de 2013

St. Andrews, el despiste del navegante y el cardo botón


Belgrano y San Andrés tienen una vieja tradición de amistad. Muchos de nuestros grandes jugadores de Rugby y Cricket, fueron también alumnos del Colegio y representaron al mismo como jugadores en sus equipos, antes de volver a formar parte de nuestros equipos victoriosos.
Si bien esta historia es de muchos años, en los últimos cincuenta los equipos Campeones del Club de los años 63, 66, 67 y 68, tuvieron entre sus filas a muchos ex alumnos del Colegio que contribuyeron, en forma sobresaliente, para que Belgrano obtuviera esos campeonatos.
Horatius
Pero como en toda historia hay hechos que la pintan con colores destacables, les cuento ahora el origen, un poco novelado, de la Cruz de San Andrés y su arribo a la bonita Escocia, país que, a lo largo de los años, también contribuyo, no solo deportivamente, con muchos Socios destacados de ese origen a la gloriosa historia de nuestro Club, crisol de razas, sin duda.
Pocos escoceses conocen la historia de porque un Apóstol, hermano de Pedro y quien precisamente fue el que se lo presentó a Jesús, que no pisó nunca esas tierras, llegó a ser considerado su patrón.
Sucedió que un ángel se presentó en un sueño a un monje griego, después devenido en San Rulo y que no tiene nada que ver con el que juega al tenis con nosotros, y le ordenó que llevara los huesos del Apóstol desde donde se encontraban en Patras, Grecia, hasta Constantinopla. Pero sucedió el diablo metió la cola, la expedición marítima se perdió y fue a parar a las costas de Escocia, recalando en el paraje donde se fundó la ciudad que lleva el nombre del Santo Apóstol.
Así fue como la ciudad de Saint Andrews, ya convertido su nombre al idioma que tan bien domina Eamon, fue adquiriendo importancia históricamente, lo que influyó decisivamente en la veneración del Santo como patrono del país.
Nota del escriba: Para los que por razones de distracción, o etílicas, no han prestado la debida atención al texto que relato, les quiero hacer notar que desde Patras, Grecia a Constantinopla (hoy Estambul), Turquía hay un trayecto algo sinuoso entre islas y penínsulas, pero sensiblemente menor y más cercano que desde Patras a San Andrés, Escocia, que está en el mar del Norte, para lo cual antes hay que cruzar el estrecho de Gibraltar y subiendo por el mar del Norte, llegar a San Andrés (o, como diría Eamon, para los que no hablan inglés, St Andrews) que queda bastante arriba de la muy conocida Edimburgo.
Creo que esto solo se explica si, por esas cosas del destino, y del whisky, el barco lo navegará un irlandés, de esos que en algún momento se fueron de Escocia a Irlanda y de ahí vaya a saber donde y, ya puestos totalmente, regresaran a su lugar natal por esas casualidades del destino, ya que para navegar muy sobrios no debían estar.
Una vez ahí, y por esas desgraciadas decisiones que los hombres tomamos en momentos en que la razón nos ha abandonado, cayeron en las garras de las mujeres de la húmeda gran isla, las que rápidamente adoptaron al Santo como patrono,  ya que desde ese entonces andaban a la caza de incautos para hacerlos sus esclavos de por vida.
Lo que abona aun más esta hipótesis es que a partir de aquel momento las jóvenes escocesas suelen ir a la iglesia a rezar el día antes de San Andrés para pedir un buen marido, esperando siempre una señal de haber sido escuchadas por el Santo. La tan ansiada señal, que en algún momento se debe haber manifestado porque giles hay desde los comienzos de la humanidad, dio nacimiento a una superstición, que es la que describo a continuación:
Cuando regresarán a casa de la iglesia, debían tirar un zapato al aire y si este quedaba señalando hacia la puerta, lo que no era para nada difícil, significaba que la oración daría sus frutos en menos de un año y ellas conseguirían un “coso” que las bancará eternamente..
Hoy esto no es tan así, según me contó la mujer de un amigo muy querido, muy gaelic ella, porque después de unos años el zapato que se utilizaba tomaba el rumbo opuesto y lo hacia para espantar violentamente a su media naranja ( el que ya venía con gin o algo similar como base), rápidamente, si este llegaba con intenciones cariñosas a altas horas de la noche (o tempranas de la mañana, va, como siempre)..
Así es como llegamos a saber porque San Andrés es el patrón de Escocia y como se lo recuerda, sobre todo en la ciudad de Saint Andrews, en la región de Fife. (¡¡No asociar , por favor!!)
Acá concluye este capitulo y empieza otro.
Les cuento ahora porque el Cardo es el emblema nacional de ese país desde hace más de 700 años.
Dice la leyenda que, hace tambien varios siglos, los daneses, ya ladrones de minas en ese entonces antes de convertirse en normandos y seguir afanando pero ya con permiso de la ley que ellos mismos crearon, decidieron invadir Escocia por la noche, aprovechar la oscuridad y así sorprender a los dormidos (y seguramente mamados) escoceses. Cuenta la historia que, como andaban en patas, uno de ellos, seguro antepasado de John Haack, que es fruto de la mezcla de ambas razas, pisó un cardo y con su grito agudo de dolor alertó a los escoceses y así evitó una terrible matanza sobre los adoradores del scotch sin hielo.
Aclarado entonces este tema, sabemos porque las mujeres Sanandresanas, (que palabrita me saqué, loco!!) son afectas al cardo, su flor nacional, ya que la misma les permite saber cuando los sátrapas descendientes de escoceses que conviven con ellas llegan de joda, porque al ingresar descalzos y con su calzado en la mano para evitar delatarse, al pisar los cardos, que ellas generosamente han desparramado en la entrada de sus hogares, pegan un alarido y eso las alerta de la hora de arribo y el estado en que lo hacen sus aturdidos consortes.
Espero que todos ustedes asistan este sábado al convite, estremecedor, de “Les Cuisiniers”, para ver como sigue esta historia y también deseo que si algún amigo Sanasendrano renguea, no se mofen de el con la típica frase “Que habrás estado haciendo anoche, escocés fiestero”

Horatius

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